| Si hacemos un
recorrido por tierras extremeñas en las diferentes estaciones
del año, podemos percibir que los lugares van cambiando en
función del ciclo de la naturaleza, tanto en el colorido de
sus campos como en el aroma que envuelve los paisajes. Dentro
de este recorrido, una de las paradas hay que hacerla en Tierra
de Barros. Una comarca que se caracteriza por el color de unas tierras
que han sido cultivada generación tras generación.
Primero los campos estaban sembrados de cereal, después fueron
plantándose los olivos y por último, completaron el
paisaje las vides.
Entroncando esta realidad productiva y económica con la evolución
de la oferta cultural que se está originando en Extremadura,
nace la idea de crear el museo del vino dentro del proyecto denominado
“Museos de identidad”.
Este proyecto está promovido desde la Red de Museos de
la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura en colaboración
con los Ayuntamiento de las localidades donde se ubican los distintos
museos o exposiciones museográficas permanentes. Nace con
la idea principal de unir diferentes disciplinas como la historia,
la antropología, la documentación, y la museología,
a fin de poder proyectar en cada uno de los museos lo que sería
la etnohistoria, las señas de identidad de cada pueblo o
de cada comarca, aquellas señas que configuran una cultura
propia, con sus tradiciones, ritos, símbolos y expectativas.
El museo del vino, como museo de identidad, comienza su trabajo
abordando diferentes frentes; por un parte, con una revisión
de los archivos municipales para recoger aquellos datos de interés
histórico, por otra, contactando y entrevistando a aquellas
personas que nos pueden ofrecer información del mundo vitivinícola
y de la realidad sociocultural de Almendralejo y de la zona y por
último, recogiendo los objetos que conformarían la
colección de piezas del museo.
Estos trabajos, permiten configurar la cultura material y la inmaterial
en torno al vino, una cultura que ha pasado por diferentes momentos
y significaciones, tal como recogen los restos arqueológicos
encontrados en los distintos yacimientos efectuados en Extremadura.
Estas significaciones serán el punto de partida de este museo,
que desde Cancho Roano, hará un recorrido hasta nuestros
días, ofreciendo lo que ha sido, y es, el valor del vino
en todas sus dimensiones.
Se ubicará en el edificio de lo que fue la “Alcoholera
Extremeña”, un edificio que será rehabilitado
como testigo de arquitectura industrial y que conservará
la estructura inicial de la alcoholera. Dentro del museo, además
de las salas que albergarán directamente la exposición
permanente en torno al vino, nos podremos encontrar con una sala
para exposiciones temporales, un salón de actos, una vinacoteca,
una biblioteca y unos jardines plantados con distintos tipos de
viñas.
El museo nace como un proyecto integral, donde confluye la historia
y la tradición con la tecnología de un futuro que
promueve el vino como producto de calidad. Se orienta para que las
personas que los visiten, se adentren en un mundo de sensaciones,
de aromas, de colores y de sabores, ofreciendo además material
de estudio, para quienes quieran adentrarse en conocer las culturas
del vino y abriendo sus puertas a todas aquellas personas o instituciones
que quieran organizar jornadas o actividades relacionadas con este
producto.
El museo del vino ya ha comenzado su andadura como proyecto apasionante,
y a partir del segundo trimestre del 2007, empezará a funcionar
permanentemente. Será un espacio con identidad propia, y
en función del ciclo de la naturaleza en el que lo visitemos,
nos encontraremos matices diferentes y una oferta cultural única.

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